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Dos monjes, una mujer y un río

monjes, mujer, rioCaminaban dos monjes zen por una senda mientras reflexionaban sobre la calidad de sus pensamientos, cuando de repente escucharon una voz femenina llamándoles y pidiéndoles ayuda. Los monjes interumpieron su paseo para acercarse a una mujer que trataba de cruzar el paso de un río donde no había puente alguno…
El más mayor de los monjes, no reparo un instante en alzar a sus hombros a la bella dama, para así poderla dejar en su deseado destino, la otra orilla del río.

Una vez logrado, la hermosa mujer mostró su agradecimiento al monje y éste regreso junto con su compañero de paseo. Ambos retomaron la senda que habían dejado y se fueron acercando de nuevo al templo donde vivían.

Caminaron un buen rato en silencio, hasta que casi llegando a su destino, el menor de los monjes no pudo contenerse más por lo anteriormente sucedido y le pregunto a su maestro:

-¿Maestro, porqué has accedido a ayudar a aquella mujer en el río? Ya sabes que tenemos prohibido cualquier contacto con las mujeres.

Éste sonrió y con un gesto que denotaba paz y sabiduría, contestó:

-Sí, la llevé. Pero la dejé en el río mucho tiempo atrás…Y tu todavía la sigues cargando…

 


¿Cuántas veces cargamos con viejos pesos, viejos recuerdos y pensamientos como si fueran parte de nosotros, cuando realmente somos un tesoro junto con todo lo que sucede delante nuestros ojos? Nos pasamos toda una vida recordando, lamentando o en el mejor de los casos planeando, pero rara vez disfrutamos de la vida escondida entre cada paso…

Como dijo John Lennon:   “La vida es eso que pasa mientras tu haces otros planes”

 

Namasté

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